Poesía: Nacimiento

Paredes pasivas, muros de silencio y yeso,
cavilaciones uniformes vueltas ladrillo…
No.
Me niego a fundirme con su muerte.
Emerjo de su frío inconmovible con un vigor pujante
triunfando en la batalla por succionarme
porque soy voz, fuerza, músculo.

En este parto, me regalo a mí misma,
fruto de la genuina comunión entre mi deseo de ser
y la vida.
Soy y seré la creatura que quiero,
escultura que cincelo a fuerza de ideas
decidida a ser algo más, más allá del yeso.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

 

nacimiento

Escultura de Matteo Pugliese

Poesía: Así en el cielo como en la tierra

explota el volcán de mi cabeza
y una montaña de cenizas impregna el aire
estos pensamientos son tan inflamables
que incendiarían el corazón del sol

soy en la tierra como en el cielo
vino de uvas cósmicas
soy universo y carne, fulgores de ser y de nada
agua y huesos flotando en esta bolsa de piel

para cada odio hay un amor
para cada virtud hay un vicio
por eso ato y desato los nudos de mi inconsciencia
en detrimento de las estrellas que me asfixian

así en el cielo como en la tierra
mi claridad pule el cuerpo de la luna hasta volverla blanca
y mi alma hecha de olvido marino
se deshace en olas breve

 
Alejandra Meza Fourzán ©

Poesía: Laguna

Soy igual que el ojo de agua
desahuciado sobre las baldosas,
como un hijo no querido de la infame lluvia.
En mi tejido espontáneo y líquido
reflejo la luz pero no soy la luz:
Soy luz de agua.

Brillo sin deseo ni propósito
pues soy solo a través de la luminosidad
y me trago las formas y los matices
cuando ella me da la espalda.

La negrura se empapa en mi cuerpo
cuando la noche baja como un reptil
a reposar su pecho sobre mis aguas.

 
Alejandra Meza Fourzán ©

Poesía: 60 segundos de silencio

Guardemos un minuto de silencio
por mi poema que huele a trapo mojado,
a muleta, a limosna quizá,
a tatuaje dejado a merced de un papel.
Quisiera enternecer a las pirañas
con sus vírgenes uñas
en un acto que de tan ingenuo, causa asco.
Vamos a matar este pájaro sin sombra
esta aguja filosa que no halla adonde encajarse.
Guardemos sesenta segundos de silencio
por este grito anestesiado
que se desliza por la manga de una lágrima.

 
Alejandra Meza Fourzán ©

Poesía: Sombra

Ese embrujo de la luz, esa sombra, es mía.
Esa que se encaja en el muro cuando enciendo las lámparas
que centellea cuando me enfrío
y danza cuando me alegro.

Es mi sombra esa silueta de mi ser de carne
que no alberga ni defectos ni virtudes,
vacía de luces y tormentas.
Ese palpitar de lobregueces y negruras
es la sombra mía.

Va lúcida, ligera sin el peso de mi osamenta,
sin envejecer me acompaña, en armonía,
proyectada sobre lecho, mesa y solitudes.
Ella que me imita cual negra estampa de mi persona,
ella que se me aproxima si deseo rozarla,
con la que jamás enlazaré los dedos
hace que me pregunte si yo soy ella, cuando estoy a oscuras.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

Poesía: Soneto para un árbol

¡Cuánto me dueles, aliado en la guerra
que ambos libramos contra las visiones!
Nieve temprana a tu copa se aferra
como a mi pecho las negras legiones.

Quien piensa que vives en quietud, yerra,
árbol andante de las estaciones
pues vas raíces adentro la tierra
y ramas afuera los ventarrones.

Tronco cilíndrico, cruz de verdades,
caben en tu natural geometría
más claridades que en el cosmos lunas.

Deja meter en tu flor mis edades
para que sea tu corteza la vía
en que me nazcan las nuevas fortunas.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

Poesía: Hombre sin rostro

Te cedo todo mi poder, te endoso la gloria
pero no regreses en los siglos de los siglos.
Tu rostro es un espejo de ti
que se repite hasta el infinito
en figuras sordas y geométricas,
tu voz que competía con los mirlos
se tornó en una fanfarria de humo.
Hombre breve, átomo de ausencias,
tus promesas se aglomeran en el rincón de lo inédito
lejos de la comisura de mi aliento, por fortuna.
Coloso de los fracasos, cojo de las emociones,
para entenderte preciso de un glosario
(y pensar que pagué por el trapo
con el que envolviste tu puñal).

 

Alejandra Meza Fourzán ©

 

Imagen de Nicolas Malinowsky

Imagen de Nicolas Malinowsky

Poesía: Una mujer

Debajo de mis caderas, vientre y torso
ahí estoy yo,
mi auténtico yo.
Un ser mínimo, discreto,
a un decibel de ser silencio.
Soy una mujer que asoma al sol
para abrazarlo con su locura.
Incólume, blanca, nueva,
tan sola que me acompaño
y tan plena que maduro.

Voy adelante de la vida que no elegí
pero detrás de la que yo decidí
donde vibro y grito
igual que una nota sostenida.
Más allá de lo ideal,
del amor y desamor,
de las penas que recubren mi alma de cebolla
ahí, estoy yo
palpitante y viva.

Voy cubierta con un solo verso,
sin cosa para perder, ni algo para entregar
que no sea toda, toda mi inmensidad.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

René Magritte, “La folie des grandeurs” (1967)

René Magritte, “La folie des grandeurs” (1967)

Poesía: Ventana con vista

El viento está desobediente.
Faltaron todos menos tú
a esta ceremonia de cenizas y gallos.
Debería amarte en colosos diminutivos
amorcito pedacito loquito
andar sobre la cuerda floja de tu desnudez
y despegar los gajos de luz que nublan tus ojos.
Cuánto me alegra estirar la liga de la mirada
hasta donde tú te sumerges
allá, debajo de la luna atardecida.

Haríamos bien en extraviarnos
en el medio de un par de coordenadas cabalgantes.
Ir y no ir, ser y volver,
dividir el tiempo en gacelas,
hallar el misterio de los alfas y los omegas.

Demandaré una ventana con buena vista,
una con vista al mar de tus prosodias,
a tus caderas lubricadas de veranos,
porque me hace falta tu voz para toda una vida
y tu piel de cantera cincelada a pulso lento.
Quiero una ventana con vista hacia el mañana
por donde trepen los silencios sin urgencia de escaleras.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

"Muchacha en la ventana", de Salvador Dalí

“Muchacha en la ventana”, de Salvador Dalí