Feria del libro de Granada 2017

La 36ª Feria del Libro de Granada tendrá lugar del 21 al 30 de Abril de 2017, con un programa que reserva grandes sopresas para los lectores.

Los invito a visitar la página web oficial de la misma en este enlace: www.ferialibrogranada.org

En el módulo a cargo de Ediciones Crisol, puede adquirirse mi libro de relatos “El principio de nuestra historia”.

Saludos, amigos.

 

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The Boy From The Future

When the teacher asked him to introduce himself before the group, he said: “I am Andrew and I come from the future”. The mockery did not wait, nor the torrent of nicknames that flooded over him. “Hey, galactic kid, where did you park your ship?” They asked. “I don’t need one,” he replied. “And… how are we doing in the future?,” they insisted. “You all are losers,” he replied. Every day afterschool, the mother of Andrew accompanied him to the grocery store but this time, prey to a migraine, she sent him alone with three dollars for a milk carton. The schoolmates, who continually harassed him, took advantage of his solitude to approach him. “Take this, boy of the future!” one shouted and hit him with a stone. The other five repeated until they saw Andrew fall and hit his skull on the sidewalk. The shadows of that joint crime pursued them that afternoon, and another, and many more … it changed their future.

 
Alejandra Meza Fourzán ©

Prosa poética: Pobres culpas, las mías…

Pobres culpas, las mías, las tengo tan abandonadas ya. Antes solía lavarlas y ponerlas a secar bajo el sol, hoy las dejo a su suerte durante semanas. Ni las alimento a fuerza de flagelarme, ni las abrazo. Pobres culpas, las mías, que dejaron de ser mi vicio y mi motor.

Pobres culpas, las mías, pues he aprendido a vivir sin ellas, a ignorarlas de a poco mientras camino entre las arboledas, mientras converso con la nieve gélida que humecta la hierba. Antes, las paseaba por la avenida, las lucía igual que se luce un prendedor en el pecho. Un soplo de vida se me metió entre el corazón y la amargura, y salieron expulsadas hacia el plano de lo que no existe, de lo que duele tanto que acaba por no doler…

Pobres culpas, las mías, tan reducidas a nada, tan olvidadas. Pobres culpas, las mías, porque ya no me disfrazo con ellas.

 
Alejandra Meza Fourzán ©

Microrrelato: Dorado

No puedo olvidar sus ojos fecundados de futuro: parecía como si el mañana, se le hubiera vuelto dos pupilas. Nos permitieron acercarnos a “Dorado”, el chivito, para sobar su lomo pero ─a cambio─, mi hermana tuvo que dejarse ser la burla de los peones. “Si te subes la falda y bailas un zapateado, te dejaremos acariciar al chivito”, le propusieron quizá porque mi hermana tenía once años pero cuerpo de quinceañera; a mí, no me pidieron algo a cambio. Quedé prendada de la piel brillante del chivito, bruñida como los trigales, y de su balar de campanas agudas, parecido al de mi hermano pequeño cuando mi madre le niega el pecho. A las pocas horas, los peones lo sacrificaron para celebrar mi cumpleaños número nueve. Mi padre lo asó mientras mi hermana lloraba. Yo, me guardé las lágrimas junto con su recuerdo, el recuerdo de esos ojos fecundados de futuro.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

Prosa poética: Expulsando sombras

Hoy traigo el corazón fuera de tono y la conciencia, impura. Mi discurso es tan sombrío como un sonido de «blues» que emerge de mis dos labios en bocanadas de humo frágil. No existen voz ni palabras para exhibir lo que siento. Soy incapaz de hilar una vocal al pie de una consonante, pues formo nada más que cadenas de gases en notas bajas.

Sueño con que mis muslos de cal y mis senos de vapor, se vuelven de firme piedra, y también con abrazarte con otros brazos que no sean estos que simulan ser dos ríos. Mas solo escupo sombras por la boca, disparos de fuego oscuro, como presentimientos que se alinean debajo de una luz de negro neón.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

 

  • Imagen de Toni Demuro.

Mircorrelato: El abuelo

El viejo Germán dormita encima de la banca que suele ocupar de fijo. Una pareja pasa frente a él. “Disculpe ¿qué hora es?”, pregunta. No hay respuesta. El muchacho tiene la atención puesta en su novia. El viejo se queja entre dientes. “Vaya, todos me ignoran. Está de moda ignorar a los ancianos”. Este parque mantiene vivos sus recuerdos, por eso se aferra a él. Aquí, dio su primer beso, allá, junto a ese canalito que separa el jardín de la arboleda, murió ahogado Juan Fernando ─su hermano mayor─, cuando ambos eran todavía niños. Germán reposa la cabeza entre sus manos e inventa memorias nuevas, unas que no le duelan. Casi se queda dormido cuando la voz de un niño lo despabila.

─Hola abuelo.
─No soy tu abuelo, Juan Fernando.
─Sí lo eres. ¿Echamos unas carreras?
─No, ya estoy viejo para eso.
─Tienes razón, abuelo, vamos a jugar a que somos estatuas.
─Que no soy tu abuelo, que soy tu hermano. ¿Cuántas veces te lo he dicho?
─Ya, ya. Juguemos a que somos hermanos y a que somos estatuas.

La misma escena se repite cada tarde. El niño arriba al lugar sin compañía y se encuentra con el anciano. Dialogan, ríen, juegan, se quieren. Para el niño, solo existe el anciano y, para el anciano, el niño. “A él, sí le importo”, se consuela Germán.

De vuelta a casa, el niño pregunta a su madre la razón de haberle bautizado como “Juan Fernando”. Ella le explica que es honor a un tío suyo, a quien nunca conoció.

─Mamá, ¿tú crees en los fantasmas?
─No.
─Mamá, ¿las personas que mueren, como mi abuelo Germán, ya no vuelven?
─Solo en nuestros sueños.
─Yo sé soñar despierto, mamá.

La mujer ignora esa última frase, apaga la luz y el niño, confundido, se queda dormido entre penumbras.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

Poetry: As tart as green apples

As tart as green apples
That is the taste you left on my mouth.
I remember the butterflies that flied out from your pen
And the happy hunt that I used to make of them.
Now, there are only worms with no colors nor wings.
You made me chase my dreams
Those that you hurt with your sharp darts.
There are not enough walls to build between we both,
There are not enough goodbyes to tear us apart,
For your words sound like a rotten symphony
That my ears can not stand any longer.
It took me some time but I finally realized
That you are the sorcerer of the empty poems,
The prince of the purple prose,
The golden king of the reign of tart.

 

Alejandra Meza Fourzán ©

Prosa poética: Dados

“Todo pensamiento emite una tirada de dados”
Stéphane Mallarmé

Al interior de cada pensamiento existe una vuelta de destino, y en esa vuelta hay tanto de azar como en la perversa geometría de un simple coro de dados. Cada tirada nos aproxima a algo, pero nos aleja también. Nuestros ojos se dilatan esperando el resultado, con pasmo, como si todavía nos sorprendiera saber que estamos a merced del aire, del duelo que se establece entre las fricciones y la madera.

¿Y en dónde se origina la combinación única de números, esa intención inconsciente? Hay quien asegura que es en nuestra mente donde se gesta ─momento a momento─, una variación de nuestro mañana. ¡Vaya simetría maligna de jugarse el futuro en cada idea!

 

Alejandra Meza Fourzán ©

Microrrelato: Infiernos

Seis con cinco y el administrador no llega todavía. Recargada sobre la puerta del local, se refugia de la nevada mientras espera. Una frase le calienta la cabeza: “llévate a mi mamá contigo para siempre, tú no tienes hijos”. Cuando su esposo vivía sus hijas la respetaban, hoy se turnan su cuidado de mala gana. El frío se le cuela por la bufanda, traspasa sus mallas raídas. Esa madrugada, su hija llegó borracha y el esposo la golpeó. La vieja se encerró en su pieza, temerosa, hasta que vio salir la luz del sol, luego se vistió y se apuró a tomar el autobús hacia el restaurante donde labora como cocinera. A las siete con veinticinco llegó don Cuco. “Discúlpeme, doña Tenchita, me quedé dormido”, dijo entretanto abría la puerta. Él se ocupó en lo de siempre: barrer el suelo, acomodar las mesas y las sillas. Ella encendió el comal y se ocupó en amasar tortillas. “Límpiese el sudor de la frente, doña, que los clientes siempre se fijan en la limpieza”. Ella lo hizo con la manga de la blusa, sin quejarse, sabedora de que hay infiernos que calientan aún más que un brasero.

 

Alejandra Meza Fourzán ©